RÉPLICAS

Martes, 03 de Octubre de 2017 06:27 administrador
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Por: Norberto Olin Barquin

Un pueblo comparte territorio, lenguaje, tradiciones, cultura, historia y demás elementos que en conjunto forman la identidad nacional, Béjar Navarro la define como: “La sensibilidad afectivo-emocional que produce el apropiarse del pasado, del presente y del futuro de una nación; el correr su misma suerte histórica y que pudiera describirse como orgullo de ser parte de esas experiencias colectivas de la cultura y de la vida en grupo, sean positivas o negativas y de expresarlas como un conjunto de actitudes de solidaridad y de lealtad a los símbolos de la unidad colectiva del grupo nacional”.

Tan bello significado se ha venido desgastando con el tiempo, la unidad de los mexicanos ha estado ausente, la confianza que tenemos entre nosotros y al gobierno es débil.

Hablando de las experiencias negativas compartidas, se pueden enumerar muchas: el hartazgo hacia la clase política o mejor dicho hacia los malos políticos, el miedo por la inseguridad, el coraje por la impunidad y la incertidumbre por la economía son enemigos comunes que no encuentran un frente unido.

Así las características como pueblo definen la manera en que enfrentamos factores externos e internos que nos afectan, y valla que últimamente han sido varios, desde Trump hasta escándalos por corrupción, asesinatos de periodistas hasta espionaje,  feminicidios y robos y asaltos entre otros.

La problemática genera diversas posiciones, enfrentamientos entre partidos, intereses, descrédito de instituciones y gobernantes o simple indiferencia, pero los temblores que cimbraron a México también movieron conciencias y reflexiones muy profundas.

Al final lo más importante ha sido ayudar a nuestros hermanos, valorar lo único verdaderamente irremplazable, la vida; el mensaje llega  irónicamente el mismo día del terremoto de 1985, sacando lo mejor del mexicano en el peor momento, su ingenio, el trabajo en equipo, la caridad y la esperanza.

A través de redes sociales la gente se está organizado, hay disposición de ayudar y muchos aportaron también ideas, algunas empresas se sumaron a la buena voluntad y miles de ciudadanos salieron en auxilio.

¿Por qué hace falta una tragedia para sensibilizarnos? Ojalá que a partir de hoy mismo formemos una cultura de participación y organización ciudadana sólida, que no desaparezcan las muestras de solidaridad, y así como enfrentamos el sismo enfrentemos también los problemas que venimos arrastrando.

Por otro lado, ayudó a recordarnos que somos simples habitantes de un mundo cuya naturaleza nos sobrepasa, veo a las grandes ciudades que continúan creciendo desmedida y desordenadamente sin considerar el frágil equilibrio del medio ambiente.

La planificación urbana es importante para la movilidad y la calidad de vida pero también lo es para la sustentabilidad y la prevención, elementos necesarios que brillan por su ausencia en la megalópolis, incluyendo Pachuca.

Los edificios han sido diseñados más por estética que por cumplir con medidas de seguridad, las nuevas colonias se asientan en terrenos no propicios, calles angostas, pocas áreas verdes.

Queda la duda ¿Qué pasaría si le tocara a Hidalgo? No sabemos en cuanto tiempo surgirá nuevamente un desastre, pero ojalá  sirva de advertencia y que el Gobierno, las empresas, las escuelas y las familias comencemos a prevenir.

Desde esta columna invito a la ciudadanía a seguir apoyando:

“Haz todo el bien que puedas por todos los medios que puedas, de todas las maneras que puedas en todos los lugares que puedas, en cualquier tiempo que puedas, a toda la gente que puedas, y tanto como tú puedas.” Frase de Jhon Wesley